Aprendizaje

¿Es bueno que haya lecturas obligatorias en las escuelas?

Recuerdo que desde primaria los libros obligatorios eran de cajón; cada mes tocaba leer uno de apenas unas 100 páginas que era asignado por número de lista y del que había que hacer un resumen; luego en secundaria y prepa tocó leer los clásicos y hacer lo mismo. 

Ahora mis hijos empiezan con ese proceso y a preguntar “¿de verdad tengo que leer eso?”, la misma pregunta que en algún momento me hice y que durante una época me hizo no querer leer un libro más, hasta que llegó el libro indicado, por lo que me queda la duda ¿qué tan buena idea es eso de las lecturas obligatorias? 

¿Por qué hay lecturas obligatorias? 

El que haya lecturas obligatorias tiene un porqué: el enseñar a los chicos a leer en primera instancia, sobre todo en primaria y kínder, y posteriormente que aprendan del arte de la literatura y su evolución, así como el cambio que ha ido sufriendo el lenguaje a través de los siglos. Básicamente, es por eso que en las escuelas secundaria y preparatoria lo que predomina en la currícula son los clásicos, desde la Odisea hasta el Quijote.

Sobre esto de las lecturas obligatorias existen dos puntos de vista: los que defienden a capa y espada las lecturas obligatorias por la riqueza de los textos y en algunos casos el valor histórico. 

Por otro lado, están los que mencionan que las lecturas obligatorias hacen que los chicos se alejen de los libros al forzarlos a leer cosas que no son de su interés, de hecho se mencionan que la palabra “obligatoria” es el principal problema. 

Aunque estas dos posturas cuentan con diferentes maneras de ver el tema de la lectura, ambas coinciden en que la lectura es una actividad necesaria en cualquier etapa de la vida, por lo que se debe de fomentar el hábito, pero cerca del 77% de los chicos de entre 10 a 14 años dejan de leer y son pocos los que la retoman posteriormente. 

¿Hay otra forma de estudiar la literatura? 

Este abandono se da por una mezcla muy grande de elementos, entre ellos las características de la misma adolescencia, pero sobre todo se ha encontrado que la mayor resistencia a la lectura viene de la forma en que se enseña la literatura en las escuelas. 

Pasa un poco como con historia, que solo parece memorizar datos, características de uno u otro género, autores y títulos, etc. y se deja de lado muchos géneros que son igual de importantes, pero se menosprecian por su popularidad y por su supuesta falta de mensaje o relevancia, como pueden ser la fantasía, el terror o la ciencia ficción. 

Por otro lado, los chicos de también suelen percibir que el leer es una actividad que te aísla de los demás, y en una etapa en lo que más quieres es convivir con tus amigos, pues no suena como una idea atractiva, pero es todo lo contrario, ya que como la música, los libros también tiene el poder de hacer comunidad con personas que tengan nuestros mismos gustos.

En algunos países, como Francia, se está empezando a cambiar la forma de impartir la literatura, con el fin de que sean más los chicos que disfruten de la literatura y los mundos que en ella pueden encontrar. Dentro de los cambios que se están haciendo se encuentra el de  incluir otros títulos más allá de los clásicos, para que los jóvenes encuentren ese libro que los enganche. 

En lo personal, este tipo de cambios se me hacen bastante buenos para fomentar todo tipo de lecturas, claro, los libros tendrían que cumplir con ciertas características y que no se dejen de enseñar los clásicos, pues son la base de muchos trabajos posteriores, pero me parece que también es bueno que se lleve a la literatura al plano social, por qué nace ciertos géneros, por qué se volvieron populares etc., encontrar otros puntos de perspectivas que sean interesantes para los jóvenes y niños. 

En mi caso yo sufrí de ese mal de la palabra “obligatorio” hasta que llegue a Harry Potter, y la verdad es que estoy intentado que mis hijos no sufran del mismo mal, por lo que de vez en cuando los llevo a la librería y dejo que escojan libros que les puedan llamar la atención y los leemos juntos para enseñarles que la literatura también se comparte.

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